Caballeros Templarios: los creadores de la banca

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Curiosidades 26 de octubre de 2023 Tato Calzetti
temple

Los caballeros templarios, miembros de la Orden del Temple, se destacaron como una de las órdenes militares cristianas más influyentes en la Edad Media. Estos monjes guerreros se comprometieron a proteger a los cristianos que realizaban peregrinaciones a Jerusalén, en Tierra Santa, después de la conquista de esta ciudad en la Primera Cruzada en 1099. La orden fue fundada entre los años 1118 y 1119 cuando Hugo de Payns y otros nueve caballeros ofrecieron sus servicios al rey Balduino II de Jerusalén para resguardar a los soldados que regresaban de las cruzadas en Oriente.

Los templarios rápidamente ganaron una reputación por su honestidad y valentía. Comenzaron a recibir donaciones de la nobleza, las cuales empleaban para reforzar la seguridad de los peregrinos que emprendían el riesgoso viaje a Jerusalén. A diferencia de otros, los templarios nunca tuvieron intenciones de buscar ganancias económicas; su compromiso se centraba exclusivamente en la devoción a Dios.

Su reputación como administradores de dinero fiables se consolidó cuando crearon sistemas de contabilidad, como libros de cuentas y pagarés. Esto llevó a que más nobles y reyes de la época confiaran en los templarios para salvaguardar sus considerables riquezas. No obstante, esta buena fama también se extendió a las clases menos privilegiadas y a los peregrinos, quienes se preguntaban cómo proteger sus activos mientras se embarcaban en el largo viaje a Tierra Santa.

Fue en este contexto que surgieron los primeros indicios de la banca moderna. Los viajeros tenían la opción de depositar su dinero en una de las encomiendas templarias en Francia, que eran pequeñas propiedades supervisadas por un preceptor. De esta forma, no tenían que cargar todo su dinero durante el viaje y exponerse a posibles robos. Una vez realizado el depósito, los peregrinos recibían letras de cambio, que podían presentar en otras delegaciones de la Orden a lo largo de su recorrido para recuperar sus fondos.

Esto equivalía a una suerte de cuenta corriente que les permitía a las personas acceder a su dinero de manera relativamente inmediata, dentro de las limitaciones propias de la Edad Media. Así evitaban llevar grandes sumas de efectivo consigo y minimizaban los riesgos. También, los reyes aprovecharon este sistema para efectuar transferencias de fondos entre Francia e Inglaterra y para enviar recursos a sus tropas desplegadas en Jerusalén.

El fin de la orden, se merece ser abordado en otro artículo.

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